Viernes, 9 de agosto
En mitad de los valles ya solo me tengo que dejar caer y seguir aprovechando el desnivel. Me encuentro a unos cuantos viajeros como yo, ir por los carriles bicis del país ayuda a ello. Que por cierto, están muy bien señalados y marcados. ¡Muy bien pensados para no estar dependiendo de trastos para guiarme!
Pese a que el día es bueno, aquí el tiempo puede cambiar con las horas y así será mañana, un día lluvioso. Acampo en Flums, un pueblito cerca de los lagos que colindan con Zúrich y que empieza a marcar el final de los Alpes.

Dejando atrás las montañas. Este río hace de frontera natural con el país de Lichtenstein.

Me he cruzado un montón de bunkers y algunos de ellos muestran escenas del pasado

Secando la tienda que tuve que guardar mojada
Sábado, 10 de agosto
Me despierto con lo inevitable: llueve. Por la noche pensé que sería buena idea usar un pequeño edificio para resguardarme de la lluvia. Ahora me beneficio de ello y como puedo, empaqueto todo para acercarme a un puente que está al lado. Por que desayunar, tengo que desayunar…

Lago Obersee (después está el Zürichsee)
Disfruto de los lagos, siguiendo el curso loco de los carriles bici, que se retuercen en donde pueden para abrirse paso. La carretera va pegada a las casas que tocan el agua y la montaña está justo al otro lado de la carretera. Total, túneles, cuestas retorcidas y soluciones en la arquitectura que son pequeños grandes esfuerzos para mis piernas.

Sonrió por que ahora toca bajar…

Esta también me tocó bajarla solamente por fortuna

Nubes sobre el lago
Si durante los viajes pido algo, es lo siguiente:
- No tener un accidente.
- No caer enferma (ni fiebres ni dolores de muelas).
- Que la bicicleta no parta.
Mas allá de estas cuestiones, puedo controlarlo. Si hay un problema seguro que tiene solución. Pero los 3 puntos que comento complican mucho mucho el viaje.
¿Y cuál tocó está vez? La rueda trasera llevaba haciendo ruidos desde que la recogí de la tienda de bicis. Estaba revisada y reparada pero la cadena daba pequeñisimos saltos. Algo sin importancia excesiva si hay cambios así, ya que hay que rodarla un tiempo para que se ajuste (es bastante más complicado que esto, pero nos entendemos).
Ese ruido, ya en los campos donde pretendía pasar la noche, se convierte en un «crack» fuerte y la rueda trasera deja de girar con la cadena. Son las 7 de la tarde y estoy en un pueblo. Es sábado, todo está cerrado. Big drama.
Intento por mi cuenta revisar que ha pasado, en vano. La avería es real y necesita de un experto.
La casualidad, el destino, podemos llamarlo como queramos. Pero ahí está Jan paseando, decido bajar al pueblo a ver cómo lo puedo solucionar y la casualidad nos encuentra.
Él es experto en bicis en su magnífica tienda Veloteria (ubicada en Stäfa). Me ofrece su ayuda y en una hora ya tenía una nueva rueda funcionando otra vez. Si no nos hubiéramos cruzado, no sabría que hubiera hecho. Tendría que haber empujado la bici hasta algún sitio donde poder dormir, hacer lo mismo el domingo (recordar que pasó todo un sábado), y el lunes empujar hasta cualquier tienda y… Puf, me agobio de pensarlo.
He pasado de la angustia a la máxima tranquilidad en demasiado poco tiempo, esta vez la suerte estaba de mi lado.
Paso la noche junto a él y su familia, donde me dan todas las facilidades posibles para continuar mi viaje lo más cómoda posible. Muy agradecida por todo, de corazón, me habéis salvado el viaje ❤️.

Carmen y su familia. ¡Una lástima no tener una foto con Jan!
Domingo, 11 de agosto
Me despido de Carmen a primera hora y parto hacia Zúrich. Había oído su nombre toda la vida y ahora, estoy ahí. Paseando entre las calles del casco viejo y el río Limago bajo un sol que hace justicia. Así está el río, en cada orilla montones de gente aprovechando cada hueco para refrescarse y otra gran cantidad, bajando por la corriente en sus colchonetas domingueras.

Zúrich y su vista emblemática

Una de las pocas zonas con no mucha gente refrescándose

La sociedad suiza acepta y entiende muchos de los problemas sociales. Por ejemplo en los baños públicos hay hueco especial para depositar las agujas, saben que los adictos van a drogarse a los baños públicos ya que se pueden cerrar por dentro y es gratuito.

El buen descenso de domingo
Pero aquí ya sabemos, el tiempo cambia y se avecina una tormenta. He llegado a Baden y las nubes me reciben con su peor cara. Me apresuro a buscar un cobijo en cualquier techo. Como aquí hay muchas granjas, le pregunto a un hombre, Kim (o algo así, por que él no habla bien inglés y él mismo me dijo al no entenderle: «Bueno vale, llámame Kim«).

Cualquier sitio es bueno para pasar la noche
De momento paso aquí la noche, al refugio y mañana dependiendo de como esté el día continuaré o no. Ah… Me han chivado que hay núcleos de Jugger por el camino ????…
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