¡Hola querido diario! ¡Cuánto tiempo!
2021 parecía presentarse como un año diferente y por fortuna lo está siendo, aunque diferente en todos los sentidos. Escribo esto sentada en la paz de mi casa, en una pequeña cuarentena de diez días. En una caprichosa pausa que contrastan con las seis últimas semanas frenéticas, que he pasado prácticamente fuera de mi ciudad. Llevaba año y medio que esta pandemia me había cortado las alas (y creo que probablemente a todos).
Tras esta pequeña pausa volveré a estar fuera casi cuatro semanas: una por deporte y tres más en la gran aventura en la que si todo va bien, podré iniciar por Europa del este. Por supuesto, esta es la aventura que al cuarto día puede cambiar el sentido completamente: fronteras cerradas, cualquier ley nueva aplicada en relación al covid… tendré que irme adaptando.
Con tantos kilómetros a las espaldas, es un momento ideal para dar el salto a una ruta con un poco de más chicha. Recuerdo un pensamiento cuando estuve recorriendo españa en esos dos meses locos de #Salvaje: «Algún día iré por Europa». Y así fue un par de veces aunque en esta ocasión, alejo más la distancia y me presentaré en Viena (Austria) con intención de llegar a Bucarest (Rumanía), aunque es muy probable que en la zona más sur que colinda con Bulgaria, deba coger un tren para llegar a la ciudad de Bucarest.
La incertidumbre
Estoy un poco nerviosa y no es para menos. Sé a donde voy, sé a lo que me voy a enfrentar las próximas tres semanas de mi vida pero lo resumiré en algo que tanto me gusta recordar: iré a fabricar recuerdos. Esas maravillosas aventuras que tanto bien me han hecho, tanto me han abierto la mente y tanto me han hecho conocerme a mi misma.
En esta situación mundial todo está un poco – bastante – más complicado y la incertidumbre nos rodea, como cualquier día de ruta sobre la bicicleta: sabes lo que has hecho pero no sabres lo que harás. Me preparo mentalmente para volver al lugar donde ser fuerte no se elige y donde lo máximo que me pueda llegar a preocupar es lo que puedo controlar a corto plazo (y estamos hablando de… una hora como mucho).
¿Que por qué lo hago? La verdad es que he pensado mucho sobre ello y aún no he tenido respuesta lógica o sensata, y dudo que la acabe teniendo. Las cosas simplemente a veces son «por que son». Siento que debo formar parte de la aventura, me duele mucho más perder ese tren, que los riesgos de vivirlo.
Ahora mismo solo me preocupa empezar. Mi mente está montando la bici tras bajar del avión en Viena y buscando un lugar tranquilo donde pasar mi primera noche con la tienda. Al día siguiente… ya veremos como será el día siguiente.
Los preparativos iniciales
Por supuesto, por mucha experiencia que tenga en otros viajes, cada viaje vuelve a ser «nuevo». Sin olvidar la humildad de saber que viajo en verano, tan solo tres semanas y que aún sigo en el mundo civilizado. ¡Con todo lo aprendido me preparo para seguir aprendiendo! Hablemos un poco de la ruta:
Parte de la ruta la compartiré con el colosal río Danubio, ruta bien aconsejada por mi amigo Alberto «el biólogo» y que por supuesto ya iré viendo sobre la marcha. Cruzaré alguna frontera y tendré que tener muy presente la situación de la pandemia. He de decir que viajar sola, sin prácticamente contacto con nadie, es mucho más seguro que un día normal en mi ciudad natal.
Para evitar la necesidad del contacto social y vivir lo más independiente posible voy a iniciar el viaje con 80.000mAh de batería portátil (un móvil tiene unos 5.000mAh de batería de media). Eso me proporciona la seguridad de tan solo necesitar 2 o 3 noches bajo techo en toda la ruta (sin olvidar la opción de AirBNB / Bed&Breakfast en un caso más extremo). La filosofía que tengo en ruta es la de viajar con el menor gasto posible: 10€ en total al día de presupuesto. ¿Que por que hago eso también? Esto si lo sé, quizá dentro de unos años me veo viajando con lo justo durante mucho tiempo y esto me ayuda a prepararme y coger tablas.
El equipamiento y la tecnología
Uno de los grandes cambios de esta ruta es que cambio las alforjas traseras clásicas de Vaude por unas Karakorum (también de Vaude). Tengo ganas de probar unas alforjas que hagan el interior de las mismas mas modular y accesible, pudiendo desmontarlas «tal cual» y meterlas a la tienda de campaña para que funcionen como un pequeño «armario», veremos qué tal sale el invento… El resto (tienda, saco, ropa, etc.) se mantiene igual. Eso si, mi querida bicicleta Bridas va a tener una muy buena revisión, que ya la toca.
En el lado más digital… de esto ya hablaré en la siguiente publicación, que comentaré que cacharros llevo definitivamente.
Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!