Últimamente repito mucho la frase «estoy donde quiero estar» y es que, literalmente es lo que intento hacer en mi vida en todos los sentidos. Y muchas veces es un privilegio, como este viaje. Tras unas semanas locas aquí me veo, recogiendo a toda prisa por que no me da la vida. Y no es para menos, ayer estuve compitiendo en un torneo nocturno de Jugger y hoy, a punto de coger un vuelo a Viena.

Nota: Muy probablemente vaya a publicar unos capítulos en formato vídeo, ya que estoy documentando todo. Por lo tanto en el blog hablaré de sensaciones, más que de datos concretos. Para muestra un adelanto:

 

Lunes, 2 de Agosto

No os voy a engañar, estoy nerviosa. Con todo esto del COVID, tanto tiempo limitada en mis movimientos, saber que me voy a cruzar fronteras y salir de Santander, me pone muy nerviosa. Pero como siempre, llámalo miedo/nervios, lo voy a hacer igual.

La protocolaria despedida a mis gatitas Banana y Papaya, y a mis padres. Creo que aún no tomo conciencia en lo que deben sentir ellos cada vez que me voy, supongo que ya me tocará a mi en el futuro y pondré en valor aún más su paciencia conmigo. Aunque no es consuelo, como les digo siempre «tomaré las decisiones adecuadas en los momentos adecuados».

Entre una cosa y otra embarco con prisa en la última llamada, si es que no os imagináis lo justa que he llegado a todo… En fin, protocolo 2: montar la bici y salir volando del aeropuerto. Con el sol cayendo ya que son las 19:00h, intento encontrar gas para el hornillo pero imposible. Curiosamente por aquí veo pocas mascarillas, choca con lo que estoy acostumbrada a ver en España y de hecho, en un bar en el que pregunté por el gas, me invitan a que me la quite.

Y como reza el titular: «Estoy donde quiero estar». En mi tienda de campaña, acampando en un lugar de la periferia de Viena y en ese lugar en el que nada malo puede pasar.

¡Hogar dulce hogSADASFADF!

¡Hogaaaaar! ¡Ahora sí!

 

Martes, 3 de Agosto

Un sol contundente me abofetea a las 6:00h de la mañana. Empiezo de forma rápida a recordar que aquí el horario lo pone el sol y que el tiempo del reloj, es solo una referencia, no una norma. ¡Por fin puedo pedalear y entrar en ruta de verdad!

Entre la gente, me encuentro a un ciclista que me para y me hace las clásicas preguntas. ¡Ah…! Con la salvedad de que esta vez lo hablamos en español, lo cual me parece muy raro. Y aquí es que no todo el mundo habla inglés, espero que eso cambie, por que ningún idioma local es comprensible para mi, ni palabras sueltas.

En este día no viajo sola y conozco un poco más del clima local. Me acompaña el viento de cara durante 80 duros kilómetros que la verdad, me han dejado las piernas agotadísimas. Estos descampados, como en la buena Castilla, es lugar idóneo para que se encañone el aire desde montañas cercanas, aunque por lo visto puede ser casi de cualquier dirección. Sea como fuere, el aire es aire de tormenta, y las nubes que me persiguen dan fe.

Las nubes de tormenta

A punto de cruzar la frontera hacia Hungría, vuelvo a estar nerviosa: ¿Me pararán? ¿Me pedirán cuarentena? ¿Y si no puedo entrar? Afortunadamente lo que hago es más fácil, entro por un camino entre los campos que, custodiado por una tienda de campaña militar, parece no verme y si lo hace, no parece importarle mucho.

Y todo lo que parecía ser bonito, deja de serlo cuando en mitad de la noche los truenos me despiertan y los rayos, iluminan toda la tienda. Recuerdo que el día antes de salir, pensaba nerviosa lo pacífico que estaba todo y que, inevitablemente me iba a tener que encontrar a la intemperie. Lamentablemente no va a ser la última vez.

Surcando campos.

 

Miércoles, 4 de Agosto

El trigo es igual aquí que en otros lugares. Como los girasoles, los viñedos o los interminables campos de agricultura. Las fronteras, dibujadas a mano dándonos la sensación de que esa línea imaginaria hace que el paisaje cambie y es que, lo que veo aquí no es muy diferente de lo que me puedo encontrar en casa.

Aún tengo la sensación de no tener claro que me encuentro a miles de kilómetros de casa, en un sitio donde no entiendo absolutamente nada del idioma (Húngaro), la gente no habla inglés prácticamente nadie y por supuesto, cada vez menos mascarillas. Aquí el bicho no va con ellos parece.

El contraste con su país vecino Austria, salta a la vista en sus calzadas, en sus casas de la gente, en general parece que he retrocedido unos cuantos años

Pasar por el barro no fue la mejor idea, está claro.

La buena noticia es que lo poco que hablo en inglés lo aprovecho al máximo. Ya sea para preguntar como funciona esto de los «florines» (que por sus cantidades me evocan a la época de las pesetas. 345~ florines equivalen 1 euro, echad cuentas) o si no para informarme de las rutas mejores locales.

Gracias a una pareja de ciclistas veteranos me aconsejan continuar mi ruta por la EuroVelo 6 que colinda con el Danubio pero en la frontera húngara, así me evito entrar a Eslovaquia y volver a empezar a tener comeduras de cabeza con las fronteras.

Como vuelven a dar tormenta para la noche, me preparo para buscar un techo y enfrentarme a comunicarme con mímica, por que otro idioma no sé. Es como el juego de las películas, en el que tienen que ir adivinando tu imitación, con la diferencia de que no entiendes la respuesta y depende de sus reacciones puede que te esté entendiendo, o no.

De esta forma hablo con John (creo), que tras hablar con una pareja de ancianos me llevan a él y este, a la legítima dueña de la casa donde me ofrecen pasar la noche. John y yo acabamos pasándonos su móvil con Google Translate para entender algo. Lo que si entendí es que no entendió lo que le proponía: «Solo necesito un techo para resguardarme de la lluvia» (esta parte en mímica queda tope divertida, pero solo en mímica).

Con todo esto, hablo con la dueña que sí habla inglés y me ofrece pasar la noche tranquilamente y ya mañana, veremos cuando salgo, dependerá del clima. La expliqué mi viaje, mis propósitos y todas esas cosas por las que estoy aquí y lo entendió y no solo eso, la encantó. Hablando hablando, la conté que en mi país mis amigos me decían: «¿A dónde vas sola al este? ¡Puede ser peligroso!» a lo que ella, con una risa que delataba cierta pena por quien lo decía, simplemente me confirmaba que «son tópicos». Que sí que habrá de todo, pero en España no todos somos unos fiesteros olé olé 🙂

Anoche estaba con una tormenta encima y ahora en un hogar. Las vueltas que da todo y esto solo acaba de empezar.

Una de las ¿Mezquitas? ¿Iglesias? de tantas de los pueblos de la zona. Si mi olfato detectivesco y la cantidad de estrellas de david que hay, diría que son judíos en general.

Si siempre lo digo, todo camino es Camino de Santiago…

Un montón de parques eólicos en estas vastas esplanadas

Esperando a la dueña, esos instantes tensos de qué pasará…

Nota 2 final: es terrible escribir desde wordpress queriendo usar tanto contenido audiovisual, aún me cuesta creer que cueste tanto hacer algo tan básico como subir un mp4 desde la app. En fin que sin más, maldita tecnología…

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